Una de las curiosidades de tener un blog como este durante tantos años es que, cuando observas las estadísticas, te sorprenden a menudo los posts que hoy son los más leídos y que fueron escritos hace diez años. Sin conocer el porqué y extrañado, como siempre, me hago un sinfín de preguntas al releerlos. En algunos casos me gusta lo que escribí; en muchos, no. Luego están los comentarios, de gente que pasaba por aquí como si formara una pequeña comunidad. Perdonen por escribirles tan tarde. Una vía láctea en el universo.
Un día cualquiera de esta semana miré qué se leía y estaba "Echar una mano", de 2010, en primer lugar. Lo católico no envejece, o sí. Lo volví a leer y me pareció gracioso. Aunque más gracioso me resultó el comentario de la Pequeña Rock & Roll, dueña de las palabras y de su dominio, capaz de anclar literatura en un párrafo. Y de allí salté a "El recuerdo (Del Barrio)" y, otra vez, ella, la Pequeña, enderezando los recodos de las palabras con sus comentarios. Y uno, fue como un faro para un pensamiento que llevaba días a la deriva en mi cabeza: "Ole mi tierra". No hay, quizá, nada más andaluz que un ole mi tierra o un ozú, o la aceituna, o las patatas a lo pobre, y toda su cultura y un sinfín de maravillosas cosas. Y de allí, a toda velocidad, la reflexión.
Soy un afortunadamente afortunado, y no es gracias a mí. La historia de una parte de mi familia la he contado anteriormente aquí. Mi abuelo y mi abuela fueron quienes, para dar a sus hijos y, seguidamente, a sus nietos una vida digna, dejaron su tierra esa que es auténticamente un ole mi tierra, como decía la Pequeña y emigraron, donde hoy, gracias a su coraje y a sus esfuerzos, nosotros, todos sus nietos y antes sus hijos con la misma labor, disfrutamos de un presente mejor. Ahora que mi vida está completamente aquí, al reflexionar sobre lo que debe de ser dejarlo todo y todo es todo, salvo tus esperanzas y tus hijos e irte, no me queda más que agradecérselo. Y, aunque tarde, pues ya no me pueden escuchar, lo hago por un bien mío y necesario. Egoísmo, vaya.
Unos días atrás viajé al sur, como de vez en cuando intento hacer, y sentí que allí, donde mis antepasados vivieron, también era mi tierra. Y sentí también su amor y su calidez. Y los volví a extrañar, en una añoranza un poco inexplicable por desconocer, o quizá no recordar bien, su historia. Al pisar sus calles, su pueblo y el mío ya, después de rastrear en una introspección sin capricho alguno, allí donde ellos pasearon, encontré en el fondo de mí una dignidad tan suya que casi no me pertenece.
- Debes disculparme, Pequeña -. Quería hacer un post recordando a todos los que por aquí pasabais y, especialmente, a ti. Sin embargo, el olor a melancolía de tus palabras me ha llevado por los cerros de Úbeda.
Siempre he sido un disléxico distraído.
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