Tu yo
y mi yo
se conocieron
sin darnos cuenta nosotros.
Todo,
para auxiliarse
por las casualidades
de un destino cruel;
decidieron surgir.
Y así fue
como conmemorar el vosotros,
sin escuchar queja
ni moraleja.
En noches
de invierno y escarcha,
mientras madrugadas de primavera
aguardaban.
Y en una madriguera,
entre la mar y la marea,
tu yo
y mi yo
osaron plantar futuros
y recolectar soles,
sombras incógnitas desveladas
y pasados vividos.
En un transcurrir
a la conciencia.
Mientras nosotros,
sin decírnoslo
y aún sin decidirnos,
lo vivíamos.
Afortunados algunos.