martes, 27 de diciembre de 2011

Amores que matan.

El cuerpo seguía inerte, en el mismo lugar, con la misma postura. Difícil después de muerto revivir. Sin embargo, los hechos estaban aún muy vivos. Los seis testigos oculares no se habían movido; ni un centímetro, ni un suspiro. Tenían las cuartadas encerradas en sus gargantas, igual que están las balas en los cargadores, apunto para ser disparadas, pero esta vez contra mí. Yo, era el encargado de resolver ese extraño suceso y la verdad, no sabía por donde empezar.
Pedí al juez que no se levantara el cadáver hasta haber hablado con cada uno de los sospechosos. Lo único claro era que el hombre había muerto de una aguja clavada en el costado. La mujer de la victima seguía muy afectada, el director del banco parecía sorprendido por lo ocurrido pero no muy alterado. La trabajador que estaba de cara al público intentaba consolar a la mujer acompañadas por la señora de la limpieza y los dos restantes, eran clientes, que según ellos, les había pillado una casualidad nada casual. La oficina era un espacio reducido con lo cuál, no es raro que estuvieran todos, un poco apretujados. La distribución era peculiar: puerta de entrada, un pequeña sala de espera, donde en seguida, sólo un paso adelante, eran atendidos los clientes por la señorita que se encontraba detrás de una mesa, al lado, la mesa del director y casi seguidamente, un enorme ventanal, que era el lugar en donde en esos momentos la señora de la limpieza estaba situada, de espaldas a la acción.
Comencé a preguntar a la mujer de la victima. Así podría marchar de ese lugar lo más pronto posible. Durante el transcurso de la investigación me contó que ellos estaban siendo atendidos por la muchacha cuando sin saber por qué, el director pidió ser él quién los atendiera. Dio la vuelta por detrás suyo y se sentó en el lugar de la chica, ella, fue por el mismo camino a la mesa del director. Mientras uno de los clientes, seguía esperando, dejando pasar a uno y a otro, poco después, su marido, cayó fulminado con esa aguja clavada en el costado. Únicamente iban a sacar dinero para la compra semanal. Me evidencio su cuartada diciendo, que eran dos farmacéuticos jubilados que lo habían vivido todo juntos y ahora se quedaba sola.  ¿Por qué justificarse si no había sido ella? pensé.  
Seguidamente, hablé con la mujer de la limpieza, que me parecía por su posición tendría poco que contar, pero erraba. Ella, a través del reflejo de la ventana vio que el director pasaba algo a la chica y la chica a uno de los clientes. A continuación, se acercó a la victima y poco después cayó muerto. Culpar a los demás es una buena forma de auto exculparse, concluí.
Interrumpidamente investigué a la trabajadora de la oficina. Quién después de intimidarle con ese juego de manos, me contó que el director quería interesarse por atenderlos él, debido, a que desde tiempo atrás tenían algún recibo del hogar sin pagar y era por ver, si así, conseguía avanzar cualquier tipo de pago. Y lo que le paso el director y ella pasó al cliente solo se trataba de un extracto, pues aquél hombre siempre los lunes a esa hora lo pasaba a recoger y para confirmarlo me dijo, que mirase en el bolsillo del señor mayor, que allí, lo encontraría. Pero, sin duda, que con eso, no se absolvía de la investigación.
Para no perder el hilo, fui directo al bolsillo de aquél hombre, comprobé los demás para no hallar nada extraño, como me había comentado la chica, hallé el papelito con los últimos movimientos de su cuenta, básicamente transferencias de su empresa a otras. Alegó, que para su perplejidad el hombre, al poco tiempo, cayó delante de él, sin conseguir poder hacer nada para salvar su vida. Era según me contó la primera vez en su vida que lo veía, y seguramente, la última, me extraño esa coletilla y esa sutil forma de eximirse. 
Antes de ir por el director hablé con el otro cliente que esperaba. Me explicó, que cuando entró en la oficina el hombre ya yacía muerto en el suelo y todos estaban corriendo de aquí para allá sin saber muy bien que hacer. Él fue quién nos llamo. Y es él, el único que realmente esta a salvo de culpa.
Para acabar la ronda, interrogué al director. Esclareció lo que ya había explicado la chica de la deuda, y el por qué había sido él quién quiso atender a esa pareja. También, que había pasado el extracto puesto que aquél hombre era un empresario que siempre andaba con prisas. A más, añadió, que él, no tenía ninguna razón para tener que matar a ese señor. Eso, me hizo recapacitar y sospechar.
Al levantar el cadáver me acerqué al cliente de extracto y le pedí que me dejara ver el documento, le pregunté a que se dedicaba y respondió que tenía una empresa donde  producían plásticos con base acrílica. Seguidamente, le pregunte si hacía mucho tiempo que él y la señora de la victima eran amantes. Me miro sorprendido y concluí preguntando ¿Por qué sino, un hombre que tenía siempre prisas, estaba esperando, cuando ya tenía lo que venía a buscar? Arresté a los dos. Él le suministro cianuro y ella lo ejecutó. 
Amores que matan.                         

sábado, 24 de diciembre de 2011

jueves, 22 de diciembre de 2011

La eternidad.

Dices; sí.
Y cae el silencio.
Tal como incurre
el invierno.
Sí. Suave. Dulce.
Inalterable.
Fiero.
Y el silencio
Se apodera del espacio.
Igual que la luz
de la oscuridad.
Tú y el vacío.
Tú y la eternidad.  

lunes, 19 de diciembre de 2011

Metamorfosis del amor.



Descuartizas los minutos de las horas
con dentelladas sanguinarias.
Encías calientes y rojizas.
Y apresas, con tus colmillos las partículas.

Escupes los pedazos y contagias
el instante, con déspota actitud.
Pretendes acabar con el pasado
y el presente quiebras.

El cadáver cae en la calle sin luz.
Oscuridad cruel de la soledad.
Allí morirá, sin confesión, ni cruz.
El asesino más frío y eficaz.

Victima de su propia metamorfosis.  
Magnicida de piel cianosis.
Mutando su cuerpo y conducta.
Mártir de lo que fue y procura.

Recorrido el camino.
Del amor al odio.
De la defunción a lo vivido.
De lo romántico a la tragedia.
Inédita.   
  
  

viernes, 16 de diciembre de 2011

El culo.

Tomábamos unos gintonics en casa de un amigo, cuando sin saber porqué, en un arrebato de sinceridad, nos pregunta si a las mujeres les debe molestar pillarte mirándoles el culo. Uno, contestó que si lo tiene bonito seguramente no. Otro, que puede que sí o que no. Yo, pensé, sin decir nada, que si lo tiene feo ya la has cagado. Pero luego, en silencio aún, recapacité y concluí que la belleza es algo muy subjetivo. Aunque a la vez, algo demasiado objetivo. La única mujer, para sorpresa colectiva, preguntó, a qué venia ese brote de rectitud. Siempre un paso por delante ellas. Él, declaro que la vecina le había pillado en más de una ocasión fijándose en esa zona de su cuerpo y tenía preocupación por si se lo decía a su mujer.  Yo respiré aliviado; inmensa tontería. Aunque me quedo la duda.  ¿Os molesta que os miren el culo?     

jueves, 15 de diciembre de 2011

El amigo.

Ana, desde pequeña, tenía la costumbre de escribir a Manuel. Asiduamente sacaba papel y bolígrafo del cajón y sin más, empezaba a redactarle todas sus vivencias, al igual que se hace con un diario. Dos o tres cartas por semana. Al terminar de contarle todo, la cerraba, apuntaba la dirección y nunca el remitente y en silencio, a escondidas, salía del piso, bajaba en pijama hasta la calle y apresurada, tiraba la carta en el buzón que quedaba justo delante de su portal. Una especie de esas que hoy, se encuentra en peligro de extinción; al igual que las cabinas telefónicas. Su madre, sabedora del asunto,  la observaba siempre desde la ventana con una sonrisa, pensando que era cosa de niños. Pero la pubertad no cambió nada. La juventud tampoco y aún con treinta y pocos seguía sin colmar su apetito purgante de contarle a es amigo todo, por carta, tan arcaico, tan romántico. Igual que siempre; de noche y en secreto. Sin serlo. Hasta que un día, la madre, medio preocupada, en ese estado en el cuál están casi siempre las madres, le preguntó a Ana:   -Cuando nos presentaras a ese amigo.
Ella, enrojecida, al encontrarse descubierta, gritó: - Nunca.
La conversación murió allí mismo, cómo mueren los soldados al ser abatidos en el fragor de la batalla.
Pocos días después, se marchaba de casa, iba hacer un master a Boston. Dos años. Sin escribir ni una sola vez por carta a sus padres. Alguna llamada breve y distante al hablar con su madre. Cuando estas durmiendo, soñando, si alguien te despierta, descuartizando ese mundo ficticio, es realmente molesto, es desagradable, fastidioso y enojarse habitualmente es el resultado. Si eso pasa estando despierto, los síntomas se multiplican y la huida coge fuerza.
Al regresar, Ana, les contó a sus padres que se casaba. De una forma sencilla, con pocos invitados y por lo civil. El afortunado se llamaba Manuel. El día de la boda, la madre se acercó sigilosamente a Manuel, al igual que Ana iba al buzón, para preguntarle si guardaba las cartas. Manuel, sorprendido, respondió: ¿Qué cartas?            

martes, 13 de diciembre de 2011

La realidad, a menudo, es engañosa.

Recibí un mail, por error, invitándome a cenar. Sin asunto y de remitente un Nick de mujer cachonda. Cuando más avanzaba en su lectura más crecían mis ganas para asistir a esa cena.
Empezaba contando que como ya hacía tiempo que hablábamos por el chat, se sentía ilusionada por conocerme en persona (curiosa expresión). Claramente, aparte de no ser conmigo con quien esta chica se había interrelacionado yo, no percibía porqué encontraba ese encuentro físico tan relevante si no fuera, para aprovechar los cuerpos. Seguía insistiendo mucho en que la forma de ver la vida que tenía (él) le encantaba. Que le parecía un hombre sincero, romántico e incluso, un magnifico futuro padre (Caray). Yo, mientras, pensaba como ella podía haber sacado todas esas conclusiones, sólo, charlando por el chat. ¡Sin conocerle personalmente! Alucinaba en cómo alguien es capaz de enamorarse únicamente escuchando o leyendo, lo que quiere escuchar o leer. Finalizaba, citándome, el viernes a las diez, en un restaurante de una ciudad no muy lejana a la mía (lo supe porqué lo busqué en google) y, alegando que para conocernos entre la multitud, llevaría un ceñido vestido rojo. Lo de ceñido me hizo pensar que tendría, al menos, buen cuerpo. A más, un archivo adjunto que descargue con prisas, en donde se veía ella, con ropa interior tumbada en una cama, acariciándose; dejémoslo aquí. Siempre había pensado que una casualidad así, nunca pasaba y menos, a personas como yo.
Estuve dubitativo del martes hasta el viernes al mediodía. A última hora, pensando que no tenía poco que perder le contesté con una afirmación y disculpando mí retraso por una avería en la red local.  
Al entrar, ya estaba ella sentada en una mesa, para dos, sola. Me convencí de continuar con la mentira hasta donde llegara. Si eso era el amanecer, mejor. Al cabo de diez minutos, ya me tenía pillado. ¿Qué podía hacer? Seguir haciéndome el longui; al igual que cuando eres pequeño y la madre te llamaba a comer y tu estas, inmerso en cualquier cosa que no quieres dejar y vas diciendo: “Ya voy” “Ya te oído””Ahora vengo”. Hasta que entra tu madre, cansada ya, en la habitación y te pilla con las manos en la masa. No, no era ese el plan. Así que al fin, cuando la realidad empujaba, con una media sonrisa, entre cínica y amable, le dije:
-          Si yo, hubiera sido él, tú no vendrías únicamente a conocerme porque eso ya lo hace por el chat. Quiero creer que tu, lo que buscas, es un nuevo amanecer, en compañía y sintiéndote querida, adorada, amada y sobre todo satisfecha. Si quieres, yo lo intento. Si no lo logro, después del desayuno, prometo no volver a molestarte nunca más. Sin embargo, si lo consigo, te doy mi palabra que te dejaré elegir si prefieres que lo siga haciendo, un día tras otro. Y ser tu esclavo o tu amo, siempre y sólo, a partir de las once de noche. O no.  

lunes, 5 de diciembre de 2011

La celda.

Joan Mateu.

Al entrar al bar en seguida la divise al final de la barra. Sola. Con un bonito vestido rojo, los labios del mismo tono, sombra de ojos, media melena negra, una sonrisa desdibujada, una mano en la copa y otra en la mejilla, piernas cruzadas y unos zapatos de tacón; no demasiado alto, con medias oscuras y, ¿Quién sabe que llevara debajo? Tomaba un Manhattan, el color, era un inequívoco. Entretanto, la masa, bailaba en la pista las canciones de siempre. Alguno, al ir a pedir, le suplicaba atención, pero ella los rehuía con facilidad. Parecía, no querer compañía. Al observarla durante unos segundos creí que bien se valía una negación, un intento. Lancé la tentativa desde lejos, desde la otra punta de la barra, después de dos Whiskys le conté; una tontería de tal magnitud, que incluso desconozco, cómo se me ocurrió:
-          Te has dado cuenta que hace rato que compartimos barra.
-          (Se lo pensó durante un ratito y contestó) Sí.
-          Te has dado cuenta, que no nos hemos dicho nada hasta ahora.
-          (Se lo pensó durante un ratito y contestó) Sí.
-          Te has dado cuenta que ha sido porqué yo me he acercado que hemos empezado ha hablar.
-          (Se lo pensó durante un ratito y contestó) Sí.
-          Te has dado cuenta que tengo ganas de conversar contigo.
-          (Se lo pensó durante un ratito y contestó) Sí.
Así unas cuantas veces más hasta que muy hábil yo y, observando que después de pensárselo todo un ratito contestaba que sí, le propuse ir para mí casa. Siguió, para mí fortuna con afirmación a todo, o sea; a la copa de vino al llegar, a la música suave, a la invitación hacía al dormitorio, a sacarse la ropa, a sacarme la mía, a empezar a besarnos, a bajar un poco sus besos e incluso más. Parecía todo un soneto y yo, la palabra más soez.  Descubrí, como poco a poco ella, se iba poniendo cachonda. Yo, sin duda, ya hacía y yacía en ese estado desde mucho antes. De repente, me intento pedir, que le llenara aquél vació en su interior (debo parecer sutil), desconozco por qué, pero tartamudeaba. Cumplí su deseo y cuando más entraba en erupción nuestro placer ella, más tartamudeaba, ametrallando palabras y jadeos, casi simultáneamente.

En unos días, hará veinte años que estamos juntos. Únicamente, en una ocasión me ha dicho que no (me niego a dar detalles). Casi nunca hablamos, pero aún hoy, follamos como dos posesos. Y es, en esos momentos cuando más nos entendemos. Ya casi nunca nos sentamos en la barra de ningún bar, sin embargo, un Manhattan nos sigue alegrando cualquier noche y, a veces, aún le pregunto si se ha dado cuenta que todo empezó por compartir barra, por no decir nada, por acercarme yo o por tener (aún) ganas de conversar. Ella, se lo piensa durante un ratito y contesta: Sí.  Sonríe, igual que sonrío con esa tontería. Quizás, la vida sea esto, encontrar a alguien que te haga reír y te saque de la celda que a menudo, nosotros mismos, nos creamos.               


miércoles, 30 de noviembre de 2011

Crecer.

Uno se hace mayor y cree, sólo por eso, que ya es dueño de su vida. Eso acarrea equivocarse una y otra vez, asumiendo tus propios errores. Aunque no siempre sea así. Muchos humanos tienen la necesidad de tener a los seres queridos cerca, únicamente cuando los precisamos. El resto del tiempo, cuando somos o nos sentimos felices, pasan a ser superfluos. Extraña condición. Me asombra el cuerpo de la mujer. Creo que es algo extraordinario, único, hermoso, perfecto o casi, escultural y fascinante. Es increíble como pueden engendrar y albergar otra vida en su interior.
Pero dejando atrás, todo mi embeleso por estos prodigios, voy a referirme al equívoco en el que un amigo cae, una y otra vez. ¿Cómo es posible enamorarse siempre de una mujer análoga a la anterior? Sufriendo por los mismos vicios. ¿De verdad nuestro enamoramiento no aprende? ¿No función en él la ley de causa y efecto? Es inverosímil como con cada nueva presentación, veamos, en ellas, más de lo mismo. No voy a alargarme contando las diferentes clases de mujeres. Él, siempre elige esa chica fashion, estirada, finita, pija, mandona, sabelotodo, excesivamente elegante, con dos quilos de maquillaje y un pelo largo y teñido escandaloso, pantalones siempre apretados, gafas de sol inmensas, pañuelo, fular o lo que sea atado en el cuello, tacones de alzada, moviendo el culo más de lo cotidiano y acicaladas hasta el extremo. Para su desgracia, no es rico y, en ellas, eso es una lacra. Andan a su lado, esperando la mirada del resto de transeúntes, siempre un pasito por delante de él y diciendo: “Vamos CARI, que me esperan”. Y la frase no esconde poco: Primero una orden, luego una mote cutre (cari). Cariño, es lo que se da o lo que se siente, no lo que se es. Después el darse importancia y sólo a ella, con un egocentrismo casi celestial. Para finalizar con una mirada entre desafiadora, amorosa y dictatorial. Que no sabe uno, bien, en que posición lo deja. Si pareja, servicio, mascota o nada de eso. Y así, se va haciendo mayor, lo que no significa; crecer.       

domingo, 27 de noviembre de 2011

Ítaca.



Se fragmenta el aire endeble
en rotos trozos de purpurina.
Color oro; cristales de plebe.

Y es desechado al igual que la orina,
 a ningún lugar convencional,
a ninguna vitrina, a ninguna comida.

Cae hasta lograr un suelo ocasional
entre tu huida y mi espera eterna.
Por culpa de este aparato disfuncional.

Yerro infinidad de veces con consecuencia.
De hierro parece tu corazón.
Yerro, con inmensidad y sin paciencia.

Entretanto, tú, sólo atiendes al lado de la razón
Donde yo nunca habité y siempre evité;
Compartir sol y sombra, luz y cerrazón.

Por eso hoy, que vomito palabras permite:
Que escupa todas mis tripas.
Y mis entrañas, dañadas, espute.

No, no digas, eso que siempre opinas,
En todo los domingos y con todos los pecados.
Adiós. Empiezo a andar; mi viaje a Ítaca. 

viernes, 25 de noviembre de 2011

El reloj.

Miércoles. Mi mujer, igual que siempre, ha puesto el despertador para levantarme a las cinco y media. Por causa del trabajo, me toca madrugar. Dice ella, que si lo tengo yo a mi lado, dejo la repetición en demasiadas ocasiones y esto despierta a la niña. Si lo tiene al suyo lo para ella y, las repeticiones, son verbales intensificándose progresivamente. Me levanto. La verdad es que con mucho sufrimiento. Me cuesta casi más de lo normal. Entro en la ducha y dejo caer el agua a una temperatura agradable un ratito a ver, si así, despierto. Me enjabono, un aclarado instintivo y salgo ya más consciente. Me lavo los dientes, un poco de desodorante, colonia y a vestirse. Me visto, me pongo el reloj y voy directo a la habitación de mi hija; no encuentro momento más tierno que ese. Poder verla tan chica en una cama que le queda grande, y a la cuál gana terreno a diario, profundamente dormida, con los mofletes calientes pudiéndola besar casi en un millón de ocasiones sin que ella le moleste es, sin duda, un regalo. Luego, bajo a la cocina, me tomo un baso de agua y voy, al vestidor a calzarme. Una vez ya todo a punto: llevo las llaves, el mando del garaje, agarro el Mobil y esta apagado, lo encuentro extraño. Tango una función la cuál lo apaga a las once y media y lo enciende, de nuevo, a las cinco y media. Lo reinicio. El reloj marca las cuatro, debe haberse quedado sin batería. Cambio la hora: pongo las seis. Y voy a por el coche. Lo arranco, salgo del garaje y me sorprendo al ver que el reloj marca también las cuatro, tanta casualidad no puede ser posible, paso del cd a la radio y el locutor dice que son las cuatro y siete. Doy media vuelta, entro otra vez el coche en el garaje, subo a mi cama, pregunto a mi mujer que coño ha hecho, me desvisto y vuelvo a ponerme a dormir para al cabo de un par de horas empezar el día de nuevo. Me levanto. Hago la misma rutina y voy al bar a tomar un cortado antes de ponerme a trabajar. El reloj de pared marca las cuatro y media, miro al camarero y pregunto: ¿Esta bien este reloj? Responde que no.       

viernes, 18 de noviembre de 2011

Persona o objeto.

René Magritte
Le modèle rojo (1937)

La primera y la tercera semana de cada mes, me gusta: madrugar, desayunar unas tostadas con mermelada acompañadas con un café con leche, tranquilamente, aunque me suponga levantarme treinta minutos antes, así, ya no vuelvo a tomar nada hasta la hora de comer, luego, asearme; limpiarme la cara, peinarme, desodorante y un poco de colonia e ir al trabajo.  En la segunda y la cuarta, en cambio, prefiero dormir un poco más, al despertar darme una ducha rápida tomarme un cortado y con prisas, casi siempre apunto de llegar tarde, salir hacía el trabajo, desayunando a media mañana en el bar de la esquina. En la primera y la tercera, me inclino a llevar un taper con algo cocinado en casa, normalmente, verdura al vapor y pescado a la plancha, alguna fruta de postre y aprovechar el rato libre para dar un caminata por el parque que queda al lado. En la segunda y la cuarta, degustar el menú grasiento que siempre preparan en el mismo bar donde desayuno, con un flan de postre y café largo, y dedicarme a leer el periódico hasta justo antes de volver a la oficina. En la primera y la tercera, al salir, me encanta dar un paseo por la ciudad, pausadamente, sin hacer mucho, parar en algún café a tomar algo y leer un poco alguna novela romántica o ir al cine, después al llegar a casa, bañarme tranquilamente con todas las sales, jabones, cremas y demás, ponerme el pijama, hacer una cena Light y mientras ceno mirar ese programa tan entretenido, en donde siempre traen un invitado famoso. Luego si el cuerpo aguanta una peli o un poco de lectura y a la cama. En cambio, en la segunda y la cuarta, al finalizar la jornada, a prisas, salir hacía a casa, ponerme la ropa de deporte e ir a correr, en bicicleta o andar, durante al menos un par de horas. Volver, comer algo, sin preocuparme demasiado qué, una ducha, sentarme en el sofá a ver fútbol o el telediario, ver los resúmenes de otros partidos o esa serie de acción y, más tarde, el programa de debate, conectarme un poco a Internet o leer un poco de poesía en voz alta a poder ser, en definitiva, acostarme bastante tarde. Pero siempre, en la primera y la tercera semana de cada mes, en la segunda y la cuarta y si ha quinta también, desde que me independice, antes de dormirme, justo antes, en esos momentos en que no eres tu quien piensa sino el cerebro, por si sólo, esa pregunta regresa al pensamiento ¿Quién soy yo? Y la única respuesta que encuentro es, que soy, lo que ninguno de los dos quisisteis ser; por eso, vuestro divorcio, por eso, mi custodia compartida.            

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Joven cadáver.


Malogramos, el alba una y otra vez
sin darnos en la sien con la insensatez.
Durante
las demoliciones de los castillos de naipes
que explosionaban del tallo a las raíces.
Pululando los escombros sin asombro
por cualquier rincón de nosotros.
Impregnante.

Y en las ocasiones en las que no dejabas de hacerme cosquillas,
Yo transitaba entre la verdad y la mentira de cuclillas.
Salvo
cuando tú, te sentabas a escuchar esa música odiosa,
creyéndote, por unos segundos, una celestial diosa.
Tan terrenal como fatal, tan carnal como caníbal,
y con el instinto galopando, arteria arriba lo más animal.
Hablo,
de tus garras de gata de tejado, de noche y de fiera,
afiladas, arañando la espera, que sangraba delirio y quimera.

Y así fuimos con prisas,
corriendo, a la sepultura del joven cadáver del amor.
Donde no hubo transición. Únicamente luto y dolor.  
Cenizas. Nunca supimos envejecer, caducar,
ni mucho menos cambiar.   

martes, 15 de noviembre de 2011

Por favor no molestar.

Llevaban tanto tiempo juntos que empezaron a desconocerse. Nada había cambiado en la rutina, sus costumbres eran las mismas, y sin embargo, ellos, habían evolucionado o involucionado, quién sabe. Pasó, supongo, como en una colisión cualquiera. Los dos comenzaron a acercarse hasta un punto en el que sus mentes, sin saber por qué ni cómo, decidieron, aunque parezca absurdo, deshacer el camino e ir hacía distintos lugares. Un mecanismo de defensa para poder enfrentarse a la realidad, a la cotidianidad, o a lo que anteriormente era entrega y ahora, justo lo contrario, supongo. ¿Egoísmo o vida? Abnegación naufragada y complicada de reflotar.
Ella empezó a vestir más provocativa, pese a su edad, se conservaba muy apetecible. A él, le ocurrió lo antagónico. Comenzó a dejarse, sin abandonarse. De joven, le gustaba mucho hacer deporte y por los quehaceres de la vida, lo había ido aparcando, igual que se van apartando los sueños cada vez que una responsabilidad gana terreno, ahora ya mayor y casi viejo, se había reencontrado con la actividad, por disponer de más tiempo libre. Ella, salía a tomar algo con las amigas, a dar un paseo por las calles en donde había los aparadores más grandes y las tiendas más caras, a cenar, al cine e incluso los domingos a la mar, en el yate de una amiga. Él, en cambio, únicamente ambicionaba monte.  
Así fue como después de más de cuarenta años, descubrieron, que eran completamente distintos. Desde el principio, desde el primer día. Sin darse cuenta de ello al encontrarse cada mañana, al despertar, o cada noche, al acostarse. Pero eso, sin duda, no fue tormenta para su relación, ni para sostener lo que no hacía falta aguantar, el amor primero y el querer después, poseían de fuerza suficiente para dejar que pase el tiempo sin rencor por lo que los dos, casi ya sin saber, habían dejado en la cuneta de esta carretera que es la vida, para ir en ocasiones, más ligeros de equipaje. Y aún hoy, si ella llega tarde de la sesión de cine, él le espera, para darse el placer de unas carcajadas y colgar el cartel de “Por favor no molestar”.       

lunes, 14 de noviembre de 2011

Conformado.

A veces, andamos por la calle como zombis. Igual que poseídos. Únicamente atentos a nuestro destino y nuestra tarea. Sin divagar por los pensamientos que a menudo entran en nosotros sin llamar. Obviándolos. Pero en ocasiones, vienen vestidos de pasado, y sin saber por qué,  estremecen el corazón. Desconozco, si es, por su belleza, su añoranza, o sensación tan viva, aunque muerto, descanse en algún lugar del cerebro. Pudiendo, incluso, llegar a desvanecerse. Puesto que ya se nos escapo, sería una tragedia dejarlos marchar por el trajín del día a día. Estoy, conformado de recuerdos.     

viernes, 11 de noviembre de 2011

Cosmos.

Y se te eriza la piel.
Toda.
Todo.
Por sólo un dedo,
Con el que recorro;
Desde los pies,
A los mulos,
Desde los mulos,
Por tu columna vertebral,
A tu espalda. Alumbrada.
Por la tenue luz.
Mientras, tú
Sigues tumbada.
En horizontal.
En algún lugar del cosmos.
Donde estrellas somos.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Lo ambiguo.


Desconocemos si hay mañana, pero debemos tener fe en la eternidad. Vendemos nuestra alma al mejor postor y, mientras, despreciamos al presente. Nos preguntamos si dios existe y sin embargo ignoramos lo terrenal. ¿A dónde hemos llegado?
Le preguntaba, anoche, Bunafuente a Punset “¿Hay vida después de la muerte? Él, respondía, que sí la había antes, aunque algunos aún no lo supieran”. Así es, tenemos el mal hábito de sufrir siempre por lo malo que nos puede ocurrir y, a la vez, mermamos los ratos en los que nos debería pasar todo lo contrario.
Por otro lado, esta semana, en el debate de las elecciones descubrimos, a parte, de que se puedan declarar el uno al otro o al revés “ser un mentiroso” sin que esto transcurra a nada. Sorprendente. Al menos y espero que no sólo para mi. Me molesta bastante que me califiquen de falso y ellos lo hacían en todo momento y sin prejuicios, ni consecuencias. Tampoco ninguno ha salido a desmentir esa clase de calumnias vertidas sobre él. ¿Será porqué son verdad? Lo desconozco, pero así, creo, no iremos muy lejos. En fin, a lo que iba, que he descubierto la ambigüedad de la política y del politiqueo (en dios ya la conocía) . Ambiguo era el programa electoral del PP (el del PSOE no lo sabemos) y ambigua la forma de hacer el debate de los PSOE (la del PP sobre pasa este calificativo). Ambiguo el comportamiento de los dos y sus declaraciones. Aunque esta claro que dentro de esta ambigüedad ¿con qué remos nos llevará cada uno a su orilla? Porqué, gane el que gane, no se podrá quedar en esta ambigüedad absoluta en la que navegan. Esperemos.  

RAE.
 ambiguo, gua.
(Del lat. ambigŭus).
1. adj. Dicho especialmente del lenguaje: Que puede entenderse de varios modos o admitir distintas interpretaciones y dar, por consiguiente, motivo a dudas, incertidumbre o confusión.
2. adj. Dicho de una persona: Que, con sus palabras o comportamiento, vela o no define claramente sus actitudes u opiniones.
3. adj. Incierto, dudoso.
□ V.

Para finalizar, no creo en dios ni en la derecha. Aunque esta izquierda no esté en su mejor momento, ni haya actuado con sus mejores formas. Creo en el progreso y la justicia social, no en echar mierda al otro para conseguir 200.000 votos más. Ese, para mí, no es el camino. Quizás, sea la verdad, con la derecha a los humildes nos irá peor, pero nunca el camino. Tampoco no votar es la solución. Así pues, ¿qué nos queda? Esperar un milagro divino porqué la derecha no saqué mayoría absoluta y lo cierto es, que no se cuál de las dos me jodería más.  

lunes, 7 de noviembre de 2011

Del fijo al Smartphone.

Contento, como un niño con una bici a estrenar, mi hermano, nos quería enseñar a pedalear (más o menos). Éramos yo y un amigo, unos críos. Yo más. Él (el de la foto, mi hermano) un adelantado a su tiempo… escribo ya, de años atrás. Y digo yo más, porqué el tercero en quistión, el amigo, compartía la edad de mi hermano, cuando el mundo extraño y nuevo de internet apareció en lo cotidiano. Mi hermano, el adelantado, chateaba.  Como tenía pareja, nos buscaba para nosotros (excusas), solteros felices entonces.  Y distrayéndose, distrayéndose,  nos encontró una cita, a los dos, a la vez.
Contento, como un niño  con un juguete nuevo, mi hermano, nos lo vino a contar. Ilusionado por el favor que nos hacía. Para nosotros dos, era algo tan insólito, como esos teléfonos móviles, que empezaban a ser habituales en las vidas diarias. Más parecidos a unas emisoras que cualquier  otra cosa. Poco afán teníamos para perder el tiempo en citas no muy seguras. Y no anhelábamos tener o mantener, relaciones a disgusto. Por eso, supongo, nos retractemos un poco al saber la noticia.  El no queremos, fue, la respuesta dominante.
Contento, como un niño con un juguete nuevo pero no el que él hubiera elegido, mi hermano, nos intento convencer. Ilustrándonos con el sin fin de posibilidades positivas del momento.  Nosotros seguíamos dudosos.  Encubriéndonos en la desgana,  no aceptábamos la invitación, “a la noche del placer”, que decía él. Así, durante varios días. Hasta el fin convencer primero, al amigo y después, por efecto domino, a mi.
Contento, como un niño comilón con el mayor trozo de sandía que se pueda imaginar,  mi hermano, nos dio las coordenadas del lugar y de los hechos. Todas, incluso, hasta las de las palabras medidas, que teníamos que decir. Para salir de allí triunfando, a hombros no, a rastras del cansancio acumulado. Hora de llegada; las 10 de la noche. Lugar; plaza céntrica de la gran ciudad. Acción; conversación agradable, buena cena y el triunfo. Fin de fiesta; volver como toreros, habiendo toreado en una de las plazas más difíciles, la de lo desconocido.
Contento, como un niño que espera la llegada de un amigo con un balón, mi hermano, esperaba la llamada desde la emisora. Y esa llamada llegó. Pero antes de lo previsto, demasiado antes.  Los dos gallos allí escondidos detrás de unos matorrales, esperando que llegaran las hembras, se cansaron de esperar. ¿Quizás? A las hembras les paso lo mismo. Misión fallida capitán. Barco al agua. Hemos naufragado en el viaje al amor. Por suerte. Cambio y corto.  
Contento, como un niño con un primer beso a explicar, mi hermano, en las cenas de reencuentro se extiende, entre risas, en la exposición a las que hoy ya son nuestras parejas, de nuestro viaje desde la nada hacía ningún lugar, en eso en lo que entonces, aún creíamos era sexualidad avanzada. Hoy, como ha pasado con las tecnologías, todo ha cambiado mucho.  

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Los ojos.

Los ojos, miradas
en las ventanas
de lo manicomios,
observan; contemplan,
lo que no todos
vemos.

lunes, 31 de octubre de 2011

Los daños.


Escupía palabras que eran tinieblas
de bruma y lloviznas,
de vacío y calvario.
Saetas afiladas lanzadas 
a distancia, dirigidas 
con acierto al delirio
de la amante sometida,
del amor puro e inocente.
él, verdugo necio y protegido
 por la invidencia de la incoherencia
ignorante del querer sin prejuicios
y con demasiados vicios,
absurdos... inexplicables
y poco viables 
del amor perenne.

Flechas de un matador 
únicamente asesino. Solemne.
Cosechas de odios infundados, resultante 
de la inseguridad en sus ejercicios.
Martirizado por sus propios miedos, 
No ve más camino que los destierros,
De la pasión en el amor.
Impío de lo más sangrado:
La estimación. 

viernes, 28 de octubre de 2011

El peronismo. (Por Millás).

Enlace a la contra portada de hoy de "El País". Juan José Millás escribe del peronismo. Para quién le interese, en particular, los argentinos que andan por aquí a menudo, a ver que les parece¿?

http://www.elpais.com/articulo/ultima/Peronismos/elpepuopi/20111028elpepiult_1/Tes

miércoles, 26 de octubre de 2011

Vidas.

Mi yo y tu yo se conocieron
sin saberlo nosotros.
Auxiliarse por las casualidades
de un destino cruel; decidieron.
Y conmemorar el vosotros,
sin escuchar queja ni moralejas.
En noches de invierno
y escarcha. Mientras,
madrugadas de primavera esperan.
Y En una madriguera
entre la mar y la marea,
tu yo y mi yo, osaron
plantar futuros
y recoger soles, sombras
incógnitas desveladas y
pasados vividos.
Mientras nosotros
aún sin decidirnos
lo vivíamos.
Afortunados algunos.    

lunes, 24 de octubre de 2011

Las realidades.



Después de visitar más de 15 tiendas y agotar toda mi paciencia no me quedo otra opción que decirle la verdad: “Cariño, no es la ropa lo que esta mal echa.” Nuestras realidades eran distintas. Eso cambio la relación. Para siempre.
Hacer un post es, a menudo, plasmarte en unas letras medio organizadas. Modelas el texto según el estado de ánimo del día, del momento o del carácter. Escribes dependiendo, sin saberlo, de tantos factores, que puede, al finalizar, que lo escribido esté en cualquier nivel desde la mierda más absoluta a algo leíble, incluso, agradable para el lector. En mí caso, al no vivir de eso y saber que tengo unos lectores benévolos no dudo en colgarlo sea tal o cuál. Desconozco si el momento de editarlo en el blog es su muerte o su nacimiento. Para mí, sin duda, será su sepultura, para los lectores es, estrenar algo nuevo. Como una vida que envejece pero no muere. Queda, como en stand by, en algún rincón de este inmenso inframundo que es la red. Tan real o tan falso como la mitología griega. No cabe duda, que lo que yo escribo y cuelgo aquí es distinto a lo que vosotros leéis a cinco o cinco mil  kilómetros. Los factores son completamente diferentes y eso modifica su concepción. Porqué igual que pasaba con la ropa, nuestras realidades, aún siendo en un mismo presente, son desiguales.     

jueves, 20 de octubre de 2011

Remasterización de "Equipaje"



No entiendo las relaciones (amorosas) cibernéticas. Como no entiendo, el sexo a través la red. No debo haber encontrado rendija suficientemente ancha o PC, lo bastante sentimental. Eso sí, creo en la pasión de la creencia.

Creo en ti, le decía en un mail (¡cuanta pasión!) un amigo Frances, a una novia Australiana que había tenido (Atención pasado). Ella desde las antípodas (la palabras ya suena lejos), le decía: “Me too, Darling”.  Mientras se follaba a un norte americano. Marine; al menos. Que se ve, estudiaba por allí.

El colega se lleno de valor, y se fue, como hacen los novios románticos, en un viaje que le salió por un ojo de la cara, por no decir de otro sitio, silenciosamente, utilizando el factor sorpresa (aunque a menudo falle o intercambie los papeles) a ver a su amor australiano. I sí, esta vez, el factor sorpresa intercambio los papeles y fue él, el sorprendido. Sorprendido, porqué a parte de que un americano se follaba a su novia, el chico en cuestión hacia dos por dos (no le podía pegar un par de ostias, para más INRI) y a parte, su (que quizás no era tan suya) chica, siempre le había dicho que a ella los hombres fuertes (adjetivo que nunca entendió) no le gustaban. No debía ser esa la fortaleza a que se refería, supuso. Y volvió,  con la mala leche aún adentro, por no poder haberla sacado, ni con él, ni con ella (él estaba al lado). Juró, no volver a mantener una relación por ordenador. No volvería a ser el Romeo que navega hasta el balcón, de alguna Julieta lejana. A ser un mártir desde el otro confín.

Le duro, al compadre, dos meses todos esos juramentos. Vino a mi, para contarme, que por culpa de su increíble (verdaderamente creíble diría yo) timidez, ese era, por medio de la red, su único modo de conocer a alguna mujer. Y así lo hizo, una y cien veces. Un  sin fin de desengaños, de heridas mal curadas, de tiritas mentirosas. Por culpa de una timidez; juez y carcelera. Se volvió un adicto; del cinco contra uno. Una victima de la soledad, cuando se va la luz. Estuvo encerrado en su casa y en si mismo. Acabo siendo un desconocedor; de un beso dulce, de un beso sexual, de la saliva de alguien más, de todo lo que le sigue. Y yo, me preguntaba: ¿Hombre o autómata? ¿Delectación o descarga?  ¿Vivir o estar conectado?

¡Me gusta demasiado la carne (le conté yo) para tener que tomar las proteínas en capsulas! Desde entonces, él; desayuna cerdo, almuerza todos los días un filete y cena pollo. No intenté, explicar el silmil que utilizaba en esa frase. Al cabo de no mucho tiempo murió de sobre peso. Creo, que parte de la culpa es mía, y como es mía, yo se la doy a las computadoras, así, aligero mi equipaje. Qué llevo ya, suficientemente cargado. 

martes, 18 de octubre de 2011

El interruptor.




Soñé que poseía un interruptor con el cuál, podía detener el tiempo, unos segundos, los justos, para poder pensar que responder o decir en el instante, en el que me encontraba. Intenté retroceder en el tiempo para plantarme delante de ese primer amor y decirle aquello, que en esa mañana soleada,  solos delante del inmenso mar, se me atragantó entre el esófago y el estomago. Dándome una mala digestión durante demasiado tiempo. Y allí, mientras volvía a estar sentado delante del azul y al lado de sus verdes ojos, con esa sensación de nerviosismo, pulsé el interruptor y antes de nada, me acerque a su boca para besarla, suavemente.  Así llenar mi ego de energía y soltarle lo que quizás, habría cambiado mí vida. Volví a teclear el interruptor y a plena voz se lo grité a ella y al viento. De repente, me miro con una lagrimilla resbalándole por la mejilla y me besó. Para mi sorpresa, he despertado a su lado y sin interruptor. He empezado a correr hacía la habitación de mi hija y al ver, que allí, únicamente encontraba un PC encima de una mesa de oficina, una silla y un armario, he desfallecido de melancolía. 

lunes, 17 de octubre de 2011

El beso.



Un beso no es besar. Un beso, 
es de amistad, para agradecer o saludar.
Para despedirse o el preámbulo a conocerse.
Por respecto o afecto. Pero besar, sin duda,
no es eso. Eso, sólo es ósculo. Nada puro.

Besar, besar, besar de verdad,
no es efímero ni algo fugaz.
Es perenne y profundo.
Besar es más que unir los labios,
es fundir el deseo y el anhelo
sin premeditación ni avíos;
Únicamente por expresión.
Manifiesto del cuerpo y la mente
acercándose a otra dimensión.
A la situación del sujeto y su predicado.

Pintando una sonrisa de alumno y docente,
al más inocente. Intercambiando
fluidos, penas, alivios y sentidos,
durante unos segundos fugaces.
Benditos, a la vez que malditos fugitivos
a un pretérito pluscuamperfecto.
¡Sabotaje!
Besar es dar, otorgar, entregar 
y alcanzar.  

domingo, 16 de octubre de 2011

El instante.



Esta fracción parece no postergarse, incluso
el reinado inconcluso que eriza tu epidermis,
es un roto en la frontera del tiempo; un instante.
Eternidad finita e infinita que te en rojiza el cutis.

Tus labios humedecidos sonríen con cordura,
concluida la locura de esta pequeña porción de deleito.
Venció el pleito de tu organismo sin mesura,
sudorosas partículas minúsculas invaden tu cuerpo.

El pelo humedecido desafía mi suicidio.
Muslo arriba. Sin mirar atrás. Regalando besos:
Desde la piel a los huesos. Desde los pies al frontispicio.
Moléculas ingrávidas. Cuerpos sin sus pesos.

Un frío corte desmiente la eternidad del momento.
Finalizo la interinidad de la fantasía. Huyó el pretexto.
Dejándonos en cueros y sin escusas para compartir sabanas.
No nos engañemos: No existen mañanas.

jueves, 13 de octubre de 2011

¿Tres es multitud?



-Seguramente, si le hubiera dicho que soñaba con un viaje a las Galápagos, o con el transiberiano. O con un anillo de diamantes. O una mansión en Miami. O un yate, un Ferrari. Un bolso de Dior o un vestido de Victorio y Luccino. O el mejor perfume de chanel. O bañarme toda la noche en don perignon. Quizás, si le hubiera pedido, un chalé o aunque sea una casa adosada, pero salir de ese maldito piso. Un Range Rover o un Mini, o aunque sea uno de segunda mano para poder ir a comprar. O un vestido para los domingos, no la bata de toda la semana, no se hubiera enfadado tanto. Tampoco le dije que soñaba gran cosa, después de quince años de estar casada con él, más otros tantos de novios, dos hijos, criada a tiempo completo y amante en los ratos libres, no entiendo, por qué se puso así.

Capturé la conversación entre esas dos mujeres cuarentonas justo en este punto. Cuando ya se diluya cómo el azúcar en el café. Se levantaban para ir a pagar, acababan de desayunar en una terraza y parecía que las dos venían del mercado. La compañera, zanjo la conversación con un típico: “En fin, ya sabemos como son los hombres”. Yo en demasiadas ocasiones aún me sorprendo de mis actos, cómo para escuchar tal generalización.  Por eso y la maldita curiosidad me levanté, acercándome a ellas y a media voz les dije:
-Disculpen, pero ¿cuál es la razón por la que su marido se ha cabreado tanto?
-Por nada. ¿No tiene en qué distraerse cotilla?
Después de una larga negociación logre que me contara el sueño. El problema. La razón del enfado. Resulta, que ella con lo que soñaba, de vez en cuando, era, follar con dos hombres a la vez.
Me fui preguntándome si eso era motivo para un enfado o el enfado era a causa de su reprimida sexualidad.         

Que harías por amor: ¿Prohibir a la pareja que realice sus fantasías o permitírselo?

lunes, 10 de octubre de 2011

La pena.


Y te fuiste.
Como se van las nueves
y la lluvia.  
Olor acre. Sin advertencia,
de noche y única sentencia.

Se secó el suelo.
Al mediodía. 
Mientras crecía el duelo.
Sí, vida mía, me dejaste vida.
Pero únicamente para mal vivirla.

Añoro,
a la vez que no dejo de orar:
La pena afligida.
Pena, que pesa hondo.
Y a usar no aprendo;
En esta vida descolorida, nacida 
para vagabundear.    

jueves, 6 de octubre de 2011

La soledad de la multitud.


Fotografía de Daniel Casares Román.
http://color-humano-daniel-casares-roman.blogspot.com/

De pequeños, durante la escolaridad, al menos en mí colegio, al hacer alguna travesura, el maestro (que no profesor), nos castigaban en una esquina de la clase alejados del resto. En soledad. Distanciados de la masa, como si nos excluyeran de lo social. Como si eso fuera una penitencia o como si el aislamiento; fuera expiación para nuestras almas y actos. Sin embargo, de mayor, descubres, que la soledad, a veces, es tan necesaria como la compañía. Por eso, seguramente, la elección del sitio que hicieron ella y él, es, a conciencia. La luz de la fotografía, en sus dos centros, ejerce de camino para los ojos que observan, así pueden captar todos los detalles de esta imagen, repleta de ellos. De arriba hacía abajo, de un lado al otro. El cuadro de las tazas de café nos acerca a la chica, que sola, lee lo que parece un libro de de bolsillo, magnífico invento y compañero, mientras toma un café, curiosamente, en una taza para llevar. Verdaderamente abducida. ¿Quién sabe si primero estaba él sentado o ella? ¿Quién sabe si ella estaba de paso, pero al verle a él allí, decido quedarse? O ¿Quién sabe si fue al revés? Pero si nos dejamos de hipótesis románticas, lo que esta claro, es, que no se prestan demasiada atención. Debe ser, por culpa de la soledad de la multitud. Un síntoma que afecta a las personas que habitan en grandes núcleos y, aprenden a obviar las vidas que coexisten a su alrededor. Él, aparte de escuchar algo con unos auriculares, parece, también, estar leyendo, queréis más desafección a lo que le envuelve. Si pudiera volver atrás, observaría el momento desde esa esquina con tanta atención, como se merece esta imagen, por descubrir algo, que en demasiadas ocasiones nos pasa desapercibido: Lo que nos rodea.  

miércoles, 5 de octubre de 2011

¿Cuál es la solución?




Algunos, sí conoceréis a este señor, otros, no. Es Carlos Slim, mejicano y según la revista Forbes, el hombre que encabeza por segundo año consecutivo, la lista de los más ricos del mundo. ¿Por qué me interesa este dato? Porqué no entiendo que hace una persona con una fortuna de 74 mil millones de dólares. Si por suerte de todos, por justicia celeste, poética o lógica, de vida, únicamente hay una y por ahora, no se pueden comprar más, ni con tal cantidad de dinero ¿Por qué acumular tanto? Mientras, otros, desgraciados, victimas del destino, del egoísmo, del capitalismo o de todo a la vez, mueren lentamente al vivir y viven desando morir. Aunque seguro, entre estos, encontraríamos más de uno que, por la mierda de vida que le ha tocado vivir, bien la vendería para al menos, ayudar algún familiar. Es, para mí, totalmente imposible de asimilar, siendo ateo como soy y no creo en más vida que esta, aunque aquí la religión no tenga nada que ver, porqué ya se ha descubierto; que el muerto al hoyo y el vivo al bollo o que a rey muerto; rey puesto, cómo alguien como él o otros tantos insaciables millonarios, no da o dan, una cantidad cuantiosa, para ayudar al hambruna de este injusto mundo. 
¿Problema de solidaridad o del sistema?   

lunes, 3 de octubre de 2011

El desayuno.



El inconveniente que tienen las películas románticas es, el mismo, que las porno, que todo es un montaje; una actuación. Ninguna mujer queda, nunca, tan encandilada (en el sentido más atontado de la palabra), por un hombre. Algún hombre sí. Ningún alto ejecutivo, de los millones de altos ejecutivos que hay en el mundo, nunca, se ha enamorado de una prostituta, del Bronx, del barrio chino de Barcelona o de cualquier otro sitio.  El argumento es demasiado maravilloso, con un final, inmoderadamente dulce. Excesivo. Utopías de quién los escribe. Los actores, son demasiado guapos, ricos, elegantes, portentosos, o sea, lo más parecido a Cristiano Ronaldo (según él mismo). Las actrices, maravillosas, guapas, refinadas, tías buenas también (hay que diferenciar entre estar buena y ser guapa, son conceptos totalmente distintos, aunque a veces, estas cumplan los dos requisitos). Están, ambos, actores y actrices, un escalón por encima del resto de la humanidad, seguramente por eso, sean ellos quién hacen los Films, la publicidad, etc. El inconveniente de este género del celuloide es el mismo: La naturalidad. No se puede hacer creer a la gente, que una chica normal, de un barrio normal, de una familia normal, se enamorara de un tipo con tijeras en vez de manos. Por bonito que le deje el jardín. Lo que haría, con razón, la pobre muchacha, sería, huir.  O si por casualidades del destino, en un recóndito bar te reencuentras con el amor de tu vida, por coraje, no la vuelves dejar escapar subiéndola al avión con su marido a su pesar y el tuyo, marchándote con otro hombre. No, no, la vida, no es así. El romanticismo en el día a día, a parte de ser caduco, es en su mayoría esporádico. Poco frecuente, aislado a ocasiones casi excepcionales. Enterrado por el polvo que levanta la rutina, matado por la ansiedad de esta época. Una ilusión continua de la mujer, que el hombre, por momentos, a veces, logra saciar. Con empeño y casi por obligación. Aunque por desgracia, nada espontáneo ni regular. ¡Qué extraordinario sería un mundo con más romanticismo! Pero esta ya es otra historia.              

viernes, 30 de septiembre de 2011

Estrés.



Estrés. Estamos estresados por: la crisis, el trabajo, el jefe, el horario, el madrugar, la pareja, los hijos, las prisas, las dietas. Por el vecino, la vecina, el padre, la madre, un primo, por las retenciones, las colas en las cajas de los hipermercados, el segundo plato que no traen, por el vestido que tenemos que ponernos para la boda, el de la niña, el del niño, porqué se acabaron las vacaciones, llegó el otoño, por los recortes en sanidad, educación y cultura (¿cómo pueden ser tan inútiles los políticos? Insultarlos me desestera), por el paro, la hipoteca, el gas, el teléfono, el Adsl, la luz que vuelve a subir, por donde aparcar, por llegar tarde al cine, al teatro, por leer un libro que no nos gusta y no poder dejarlo a medias, por abrir la tele y que hagan siempre la misma mierda o los telediarios cuenten las mismas desgracias, por leer el periódico y estar por echarse a llorar, o una revista del corazón y emigrar. Por conseguir la Independencia o impedirlo, por defender el idioma o atacarlo. Por ser más nacionalista español o catalán. Sólo por llegar al poder utilizando al pueblo cómo conejitos de indias. Porqué pierde nuestro equipo o gana el archienemigo. Estrés. Por y para todo. Inventado por y para nosotros con nuestra forma de vivir; esta única vida que disponemos.       

miércoles, 28 de septiembre de 2011

La cena.


El problema que tienen las películas porno es, que es todo un montaje; una actuación. Ninguna mujer gime tanto, ni puede hospedar tanto. Ningún fontanero de los millones de fontaneros que hay en el mundo, ha ido arreglar un desagüe y ha acabado en medio de un trío, con dos súper tías buenorras. Los guiones son una utopía, una conducta irreal. Y los guionistas (si es que los hay) unos fantasiosos empedernidos. De los actores, sus penes, son como Messi para el futbol; punto y aparte. Algo excepcional, poco común y quién diga lo contrario miente. La mayoría somos del montón, lo que no sabemos, es si del montón para arriba o para abajo. De las actrices, la mayoría, muñecas hinchables con existencia, vida, capaces de albergar en su interior casi de todo y sin complejos. Con orgasmos casi orgásmicos aunque la mayoría sean falsos. Que quede claro, que no soy, para nada, seguidor de este tipo de Films. Pero me molesta que lo hagan parecer algo tan cotidiano, creíble y natural, que si vas al fisioterapeuta y te sana, o lo intenta, un mujer, si ha medio sesión no te propone sexo oral, anal, poco casual, o yo no se qué, puedas incluso, caer en una depresión por pensar, que eres más feo que el copón. Todos, sabemos que un humano no puede volar, por eso no fantaseamos en ser superman, pero dudamos, la mayoría de los hombres en si hay alguno capaz de hacer sentir a las mujeres esos orgasmos con convulsiones, espasmos, exaltación y culminación con fuegos artificiales, risas y lagrimas. Y como con nuestras parejas, no siempre es así, por no decir casi nunca, caemos en el pozo del mal amante. Debemos revelarnos. Y si por un momento, tu pareja te propone sexo con cariño, estimación y amor, decidle, como le dije anoche yo a la mía, que con eso, ya me había echo la cena.   ¡No a la monotonía!        

martes, 27 de septiembre de 2011

barabam bam bam... (Con su música)



Al levantarme, me di cuenta de lo fea que era la muy jodida. Que hacía yo, allí, desnudo en esa cama extraña. Con ese monstruo de anchas carnes, durmiendo como díos la trajo al mundo a mi lado, o yo al suyo. ¡¿Cuánto había bebido anoche?!

La última vez que hice el amor con una mujer, fue un año antes, antes que pasara todo. Antes, que la maldita enfermedad se la llevara, como el despertar se lleva los sueños. ¿Como podía haberme acostado con esté ser, después de un año de misoginia? ¿¿Quizás por eso?! Aunque no creo, más miedo me dan los monstruos. Tumbado en su cama, intentaba pensar como decirle que no quería volver a verla, que no quería nada más con ella, y que echaba en falta algo menos… No haberla conocido. Ella, mientras tanto, seguía allí dormida, igual que un oso hibernado, no sé, si con mucho menos pelo. Empezó a gruñir y me asustó. Se estaba levantando y yo, aún no tenía un plan. Antes de hundirme en esa cama, intenté ser un naufragó en el lavabo, así pues, escape con el bote salvavidas al reservado. Me senté en el retrete y diagnostique el problema. Ella a mí, aparte de no gustarme, me daba repelús. No la conocía de nada, ni ganas tenía de conocerla. Era un desliz de una noche, donde había patinado por demasiado Jack Daniel’s. Tenía que decirle la verdad, ¡como un hombre! ¿Cómo un hombre? Y marcharme con la cabeza alta. Me fui al espejo para llenarme de valor mientras ensayaba los gestos. Y allí, por sorpresa, descubrí el perfume que siempre utilizaba mi mujer.
Destapé el frasco me lo eché en la muñeca, y volví a casa; sin dar explicaciones. Y todo el camino, me lo pasé llorando, escuchando nuestra canción. Sin decir nada. "Hay días que valdría más, no salir de la cama, barabam bam bam, baram bam bam, barabam bam bam…"

lunes, 26 de septiembre de 2011

El buen amigo.


Comida de Picaros
Diego Velázques.

Mediodía. Luis y Andrés se han encontrado para comer en un restaurante próximo al trabajo de los dos. En tierra de nadie. A medio camino. Son amigos desde tiempo atrás, pero ahora, las responsabilidades les han alejado el uno del otro. Tienen, casi, el mismo tiempo libre que antes, pero ahora lo han de adjudicar de distinta forma. Luis, ha antepuesto a su pareja, los hijos, su afición al futbol (que Andrés no comparte) la creación de una nueva empresa, los amigos de su pareja, los de los niños, las extraescolares de los mismos, y sobre todo, el reposo por la noche. Andrés, en cambio, no ha distorsionado tanto sus espacios de libertad. Quizás, haga más deporte que antes y varíe, las personas con quién va a cenar y en alguna ocasión aún de fiesta. Por lo demás, al seguir casi soltero, todo sigue igual. Sólo se debe a esa amiga, mujer, amante, que sin darse cuenta, entró en su vida, para medio quedarse. Pero no del todo, y quizás, no para siempre. Aún que ahora, es, un pilar fundamental en el anidado de su felicidad.
Primer plato. Luís y Andrés, hablan de todo: del presente, del pasado y del futuro. Durante una transición temporal, Luis, les suelta a Andrés que quizás, alguien, venga hacer postre. Andrés, medio enterado de la noticia por amigos comunes, se hace el intrigado, para parecer curioso y sorprendido. Aunque no demasiado, por el miedo a que no se le entrevea que él, ya conoce la noticia. Sabe, que su amigo esta con una mujer bastante mayor que él, casada y con hijos, y que por ahora, aún no he decido dejarlo todo por él. Cosa, que le hace dudar de sus intenciones.  
Segundo plato.
– ¿Quién es?- pregunta Andrés.
- ¿Quién es quien?- responde, preguntando Luis.
- ¿El invitado o invitada que vendrá hacer postre? Insiste Andrés.
- Ya lo verás, no tengas prisa. Quizás, no venga.
- Tú constantemente con tus secretitos… (Cosa que ha Andrés siempre le irritaba mucho).
- No tengas prisa, todo llega amigo, ya la conocerás. Sólo, decirte, que está casada y no es conmigo. Con una sonrisa Luis, le cuenta todo como si nada.
- ¿Y hace mucho? Pregunta rápidamente Andrés.
- Casi dos años más o menos.
- ¿Tanto hace que no nos vemos? ¿Lo sabe su marido? ¿Estás enamorado? ¿Estás loco? ¿Cómo la conociste? ¿Tiene hijos? Andrés seguía como si no supiera nada, pero ahora, un poco más nervioso.
- A ver. Sí, estoy bastante enamorado. ¿Loco? Como siempre más o menos. La conocí por casualidad, tiene dos hijos y supongo que su marido, si no lo sabe debe, al menos, sospechar algo. Y por ultimo, sí, es verdad, hace demasiado que no nos veíamos.
El postre. Luis, pide un flan y Andrés macedonia. Mientras el camarero les acerca lo pedido a la mesa y Andrés observa inquieto el reloj por ver que se le empezaba hacer tarde, aparece ella. Sonriente, contenta, alegre, atenta. Sin pasar la delgada línea que separa una buena amistad entre dos personas que se atraen. Se sienta, y los tres empiezan a hablar tendidamente de nada trascendental.
El café. Toman café, pagan, se levantan y mientras están justo delante de la puerta, despidiéndose, un puñetazo tumba a Andrés. Luis, da un paso atrás sorprendido y ella, empieza a gritar: Esto es lo último que me esperaba ya de ti, ¡lo último! Un hombre alto y fuerte, rompe a llorar a la vez que cae de rodillas delante las piernas de ella y murmura: -¿Por qué, por qué me hace esto? Luis, ayuda a incorporarse a Andrés y le dice, a media voz: -Vámonos, buen amigo.              

martes, 20 de septiembre de 2011

Tiempo perdido.



Imagen de: Daniel Casares.

Daniel Casares consiguió en esta imagen aparentar, que solo el tiempo que no habita en el ciclista está en actividad, mientras él, avanza entre el espacio, invariable al movimiento. Capaz de comparecer detenido en el momento en que el objetivo lanza contra el soporte sensible (increíble nombre) la imagen.  
A menudo nos cuesta observar el paso del tiempo en nosotros. En cambio, en los otros, nos es verdaderamente fácil. Puede incluso parecer, que los últimos diez años, no hayan dejado huella en el reflejo que vemos en el espejo. Será, porqué nos miramos demasiado a menudo y los cambios, son tan imperceptibles día a día, que sólo nos damos cuenta al mirar fotos de tiempos pasados, quizás, no siempre mejores.
Como el chico con gorra, que aislado de las verdades del tiempo, atraviesa el paso peatonal en su bici, con una mochila en la espalda, en donde a saber que planes de futuro lleva. Quizás, se vaya a casa, al trabajo, a la universidad, a ver a un amor o únicamente a pasear. Todo lo demás está borroso, a otro tiempo, únicamente la cámara fotográfica y él iban a la misma velocidad. Hasta el instante en que un detalle; tan maravilloso como un hijo, le rompa la reglas establecidas y empiece a ver cada segundo, como un enemigo traidor e incasable y ya no importe el reflejo que se ve en el espejo, porqué lo que más duele no es el tiempo que tu has perdido, sino el que te has perdido. 

jueves, 15 de septiembre de 2011

martes, 13 de septiembre de 2011

El "Chivi Chana".


La carrera.

DESMOND BOYLAN 

"Un niños recorren una calle de la Habana a lomos de 'chivi chana', una suerte de monopatín casero, usado también como medio de transporte en las zonas montañosas."


Lo más curioso de la fotografía, a mi parecer, no es que esos niños hagan una carrera en una calle casi llana. Ni que los monopatines caseros sean, a parte de desastrosos y anticuados, hechos seguramente con sus propias manos o los hagan servir en las zonas montañosas como medio de transporte. Tampoco, que los dos más delgados vayan ganando o que el rellenito lleve una blusa de Boston. Menos aún, que vayan sin camiseta, con zapatillas amarillas o con chanclas.  Que el que parece mayor vaya cuarto detrás de los flacos y el gordo, no lo es. La distancia que han sacado al ultimo tampoco es lo más curioso, ni que realicen la carrera en medio de la carretera, ni indudablemente que el asfalto esté agrietado. No, no, no es extraño el auto que circula aunque sí llamativo, ni el viandante que los mira cotilla por saber quién será el vencedor. Incluso, añadiría que no lo es la señalización de stop ni las ruedas de los “chivi chana” (skate cubano). Y si pudiéramos saberlo, tampoco lo sería que se han apostado al ganador o al perdedor. Para mí, lo más sorprendente del retrato es, sin duda, que esta sea una fotografía actual, de un país que se encuentra a 90 millás de EE.UU.
¿El capitalismo es la mejor opción?

lunes, 12 de septiembre de 2011

Un can con mucha oreja.



R. Schude.
“Dos manos despliegan las orejas de Harbor, de la raza de los coonhound, que con 8 años ya tiene el récord Guinness que le acredita como el perro con las orejas más grandes del mundo hasta el momento.”

Eso nos contaba el pie de página de esta imagen. En cambio, no nos aclaraba si como pasa con el cuento de la caperucita, le servían para oír mejor con lo que implica: que obedezca más. ¿No debe ser así?

sábado, 10 de septiembre de 2011

Beso.


Olí tu fragancia en verso
con ese dulce beso. 

jueves, 8 de septiembre de 2011

Tu sonrisa.




Niña brilla tu sonrisa,
brisa de luz.Tú.
Contoneo, deseos, muslo arriba.
Destello de bello.
Desvestida, niña mía:
Tu sonrisa,
es lo que más brilla.
¡Por pícara! 

martes, 6 de septiembre de 2011

Casi... La del pirata cojo.


Recapacite y concluí que sufro demasiado para la vida que tengo. Es estrés o no sé que demonios agita mi tranquilidad, pero me tiene tensionado. Será, quizás, como cantaba sabina: La envidia a las vidas que no vivo.

A veces, sueño igual que él, en ser: Un médico sin fronteras. Un guitarrista con éxito. Un buen entrenador de primera (la edad ya no da para jugador), una estrella del rock, ahogado en alcohol. Un adultero sin moral, ni conciencia. Tu (adjetivo posesivo Tuyo). Un amante sin adulterio. Un padre sin miedos o un hijo sin excusas. Un abogado ganador. Un juez certero o un buen vendedor. Un brillante escritor y relatador. Un actor bien pagado y bien dotado. Un universitario eterno o un genial profesor. Tu pilar de apoyo. Tan genial en diagnosticar y saber cómo House o Holmes. Un multimillonario hecho a esfuerzo propio y humanitario. Un gran creativo: pintor o poeta. La sonrisa en tu boca. El más exacto de los psicoanalistas. O filosofo con tiempo para filosofar.

Con la posibilidad de volver atrás, cuando esté demasiando tarde o cuando esté demasiado lejos. Para regresar a este cuerpo que ya habito y con esta vida, que ya medio domino. Debo dejar de sufrir o cambiar de vida...     

viernes, 2 de septiembre de 2011

Ocho.

Uno, dos, cinco, veinte.
He perdido la cuenta.
Cien, doscientos, quinientos.
¿Cuantos días han pasado? Desde el primero.
El más sincero. Ese beso. Perpetuado.
Aún a veces me desnudas. A menudo te desnudo.
Tira de la sabana que me has asaltado la almohada.
Voltea a tu lado o vira a mi encuentro.
Paraliza el despertador. Esté instante.
Muda el despertar. Adormecidos. No hay riesgo.
Hoy no hay peligro. Huele este soplo. Brisa tenue.
Como la luz que se cuela por la celosía.
Celoso de tu camisón me puedo hacer el muerto.
Por un roce, una caricia y un arrumaco. Busco puerto.
Aviso para navegantes. Izad la gavia. Me siento la savia.
Que este momento me sonríe igual,
Igual que tú, lo has hecho, estos últimos ocho años.

jueves, 1 de septiembre de 2011

El hueco del garaje.



Al levantarme, me di cuenta que la cama estaba justo a la inversa de cómo me había acostado. También mi mujer, que seguía siendo la misma, no sé, si por suerte o por desgracia, estaba en el lado opuesto al de siempre. El baño, las escaleras, los armarios, todo. Era como si durante la noche, sin saber de que forma, todo lo nuestro y nosotros mismos hubiéramos entrado en un espejo o nos hubieran trasladado a la casa adosada contigua; la del vecino. Pero sin la vecina.

No le di más vueltas al problema. Repasé mis pensamientos por si seguían siendo los mismos o también se habían visto alterados, deduce que todo seguía igual, baje al garaje, subí al coche que también y por infortunio continuaba siendo el mío y no el del vecino. Debe ir atado con un lazo transparente el tema coche caro y mujer espectacular, supongo, en fin, que de lo trascendental, nada o casi se había visto alterado, arranque el auto y de repente la duda se apoderó de mí. ¿Tengo que ir a mí trabajo o al del vecino? Pues al madrugar siempre más que él, el primero en sufrir la incertidumbre fui yo. Pero eso, me daba la opción de elegir primero, no iba muy alineado para trabajar de director de banco, pero, ¿Qué podía pasarme?

Entré en la oficina, seguí el pasillo hasta su despacho, sitio donde me había metido sin vaselina una hipoteca para treinta años y con una sonrisa, dicho: “Te llevas unas condiciones que a casi nadie hacemos” En la práctica eso resultaba ser, al cabo de media vida, haberles pagado a esa entidad más de 60.000 € sólo en intereses. A parte, de ser vecino suyo, envidiando todo lo que él tenía de más, que era mucho. Incluyendo en ese resentimiento: una barca, un coche de lujo, en par de motos, alguna bicicleta de altas prestaciones,  un sin fin de aparatos de esos inútiles, y toda clase de ostentaciones. Me senté en su sillón, pasé el día sin hacer demasiado nada, a parte de mirar el culo y el escote a la subdirectora que entraba a decirme cualquier cosa, pero muy cariñosa siempre. Fui por primera vez a una comida de negocios, o sea, mucho fanfarroneo, más alcohol y pocos tratos razonables, una café con hielo y para casa.

Al llegar y saber que mí mujer a esas horas aún seguía en el trabajo, paré en frente de la vivienda del vecino y pensé en entrar, no por nada, únicamente para follarme a su esposa y darme cuenta, que a veces, el dinero no lo es todo. No se que hacía aún sin separarme, y largarme con aquella vecina. Pero dejé el coche en el garaje y me acosté para ver qué pasaría al levantarme.