sábado, 2 de junio de 2012

A cuestas.



Cuando de mayor no te lleve a cuestas, que sea porqué no pueda, nunca, porqué no quieras. 

miércoles, 30 de mayo de 2012

Helada.


Al entrar en casa, su esposa estaba en la cocina acabando de preparar la cena. Cenó pausadamente, se sentó un ratito en el relax mientras dejaba el televisor encendido y obviaba lo que daban, justo el tiempo necesario para que le entrara ese dulce sueño e ir a la cama. Al día siguiente tenía que madrugar.
Rebobinemos. A media mañana, abandono su puesto de trabajo en aquella infausta oficina, se subió al coche y se sumergió, a todo volumen, rockanroleando, en una ola de ilusiones, locuras, pitillos, cervezas frías, amigas y carreteras secundarias repletas de moteles. Camino al mar. A ese inmenso mar donde el creía podría ahogar aquella maldita y pegajosa tristeza, que tanto hacía, se había pegado a su piel. El tiempo, agrió su carácter y el de su señora como la lluvia moja la ropa, hundió los versos en las más necias frases y consumió las ilusiones igual que se consume el tabaco. Desde ya hacía mucho la aflicción reinaba en sus vidas y ninguno hacía mucho para vapulearla. Hasta esa mañana, sin saber muy bien por qué.
En el camino, dejó horas perdidas, bragas abandonadas, colillas, vasos vacíos, amantes, sudor, saliva, lagrimas, fábulas desmentidas y saber cuanto más. Al fin, se plantó, solo, de pie, en la playa, frente a la mar y con paso firme, metió la primera pierna en el agua. Aún, seguramente, no le llegaba a la rodilla, cuando de repente, se giró y gritó:
-          ¡Podrías hacer el favor de devolverme a mi casa! El agua esta helada. Vive tu lo que quieras vivir, pero a mi, regrésame a mi hogar, que si no he cambiado nada, será, porqué así lo prefiero.
Supuse, que era a mí a quien lo gritaba.              

lunes, 21 de mayo de 2012

Sin regreso.


Me preguntaba Malena en la entrada anterior: ¿Habrá un travesti dentro de todos? La respuesta es que no lo sé. Que lo desconozco. Verdaderamente no se que hay, ni puedo hallar, dentro de mí. A menudo intento asomarme a lo más profundo y la caída es tan honda y oscura que me da miedo descubrir donde esta el limite. Lo contemplo, desde el borde, fijándome a pies puntillas, con todas la precauciones para no caer, a ver si consigo averiguar algo. Pero nada. Incluso, en alguna ocasión he intentado descender por la cavidad, pero ante el ennegrecimiento, el miedo o la sensatez gana terreno y consigue apoderarse de mí y matar la curiosidad, como al gato. Y el fin, queda tan lejos, con tanto camino de por medio, que la conclusión del abismo es únicamente, el retorno. Pues, otro hecho sería un sin regreso.         

viernes, 18 de mayo de 2012

Noches. (Reedición)


La mujer que había dentro de mí no era ni joven, ni guapa, ni tan solo graciosa. No tenía un cuerpo bonito, ni unos ojos grandes ni alegres. Tampoco conocía el estilo, ni el buen nivel de vida. Carecía de los recursos necesarios para todo ello, por carecer, carecía hasta de vagina. Pero todas las noches disfrutábamos tanto ella como yo, al disfrazarnos y salir a la calle a cambiar amor por dinero. Nuestros clientes eran tan distintos como los sentimientos con los que cada noche volvíamos a casa. Y mientras yo creía que la guardaba en el armario, ella seguía escondiéndose dentro de mí.