Te pueden robar
el móvil, la cartera, las gafas, los pantalones, la toalla, la bebida o incluso
el sitio en un día de playa. Te pueden robar, la boina, la cámara fotografía, el
tren, el pasaporte, el dinero, la ilusión de seguir haciendo turismo o la llave
de la habitación de hotel. Te pueden robar las joyas, los cuadros, los objetos
de valor, los electrodomésticos, lo que puedan encontrar en el garaje, lo
imposible o el tal vez. Te pueden robar, los bancos, los ahorros de toda una
vida hasta que te mueras, millones en comisiones, la razón, la sensatez, la
esperanza, la fe en el sistema y el creer que en la humanidad. Te pueden robar
el voto con mentiras, tu voz, la humildad, el parné en impuestos, la salud recortando
en sanidad, la cultura de todo un país, la libertad a elegir si creer en dios o
no, la perspectiva, la ilusión y el optimismo, el trabajo, la dignidad y parece
que incluso, la responsabilidad de la revolución. Te pueden robar el amor de tu
vida, aunque no fueras tú el de la suya, la primavera, el partido de los
domingos, la despedida, la reconciliación, el amanecer, la compañía, las ganas,
la ayuda doméstica, la intención, con quien compartir la soledad, el deseo y
algo más. Te pueden, incluso, robar el
ahora, un instante, una hora, el jueves o el viernes, un año, los treinta o los
sesenta, el verano, una década, el camino, la vida y el cómo vivirla. Te puede
robar cualquiera, el más malo o el más bueno, tu compañero de trabajo, el
presidente del gobierno, el vecino, el director del banco o un empleado, el
amigo de tu hijo, tu propio hijo, la enfermedad más cruel, la suegra, el mecánico,
el alcalde, algún regidor, un parlamentario
o un presidente autonómico, el tiempo o un segundo, un congresista, un diputado
o alguno de sus secretarios, qué más da. Incluso, para más inri, sin necesidad,
únicamente por codicia. Y lo tragamos,
con una digestión pesada, con ardores, acidez y mal estar, pero parece que con
el tiempo conseguimos sacar toda esa mierda. Nos sobran los motivos, sin duda. Sin
embargo, lo que nunca debían haber robado ni por codicia ni por ruines, esta
red de despiadados con mentiras, falsificaciones y fingiendo la muerte de recién
nacidos, es la identidad, de los hijos para ser hijos y de las madres para ser
madres. Separándolos, para siempre, y dar el bebé al mejor postor. Sin
remordimientos. Seguramente, para algún católico
que su todopoderoso, a sabiendas de la capacidad para joder a los menos
afortunados, los crea estéril. Desde tiempos de Franco hasta no hace mucho. Vergonzoso.
Sin que ninguno, entre muchos, tenga un gramo de sensatez, incapaces de hacer nada. Ni los que estaban en
la trama, ni de todos lo que han mandado, en este país, donde casi siempre, todo,
acaba en nada, barriéndolo a prisas hacía el cubo del olvido, para cerrarlo arménicamente
y qué el hedor no moleste, ni haga recordar. Por ver si así las amarguras no se
vuelven epidemias, una peste.
4 comentarios:
Mira que si habrán robado identidades....allá y acá.
Un abrazo!
¿Cómo es posible?
Un saludo.
Una peste de mentiras.
Toda una red estructurada apoyada en la fe y en dios... o era en la cartera del estéril y la buena voluntad de la monjita de turno a la que le untaban bien el bolsillo por guardar silencio?
Pero una vez abierta la tumba el silencio es si cabe más atronador.
Nadie sabe nada y todos miran para otro lado. No interesa, es mala publicidad, politica de chicha nabo.
No hay recursos para investigar a los nacidos supuestamente muertos, no hay recursos para devolverle la dignidad al ser humano, ni a las madres desesperadas, ni a los hijos quasi bastardos, ops, no, ilegítimos para quien los compró...que ellos no tienen culpa al fin y al cabo que otros les robaran su identidad, y que sin saberlo viven en otras casas.
Lejos, muy lejos de la verdad.
Besitos mediterráneos.
Sí Gala, es así donde vivimos.
Un saludo.
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