Por error y cuando digo por error quiero decir por equivocación,
en uno de esos días de verano cansado de las masas y en busca de un playa un
poco menos transitada, donde para dejar el coche no tengas que buscar un parking
cerca, ni para tirar la toalla una zona azul, nos colamos yo y el resto de mi familia,
vaya a ser lo mismo: un hombre, una mujer, una niña y un niño, todos con
bañador, camiseta y mucha crema para el sol en una cala nudista.
Fue, en ese justo momento, cuando me di cuenta que algo
extraño estaba pasando y descubrí la sensación, que de joven aquella amiga, tía
buena, que nunca se dejó tocar el culo y mucho menos nada más, me intentaba explicar
sin yo ser jamás capaz de comprender decía ella. Todos
los ojos se nos clavaron cómo flechas, intentando decirnos, que estábamos
invadiendo un territorio sagrado, profanando la naturaleza y su naturalidad. Yo
que no tengo mucho que esconder estando el aparato en reposo, cuando entra en acción
es más parecido al increíble Hulk y no por el color, pero eso tampoco viene al
caso, enseguida propuse a mi compañera desposeernos de nuestras posesiones, y
dejarnos llevar igual que lo hacían nuestros ancestros en tiempos donde el
marketing no era una religión. Ella, por supuesto y siempre mucho más centrada
que yo, dijo un tan rápido como rotundo. <¿Alegaciones?>
pregunte, pues des de la barrera ya había observado un par o tres de bonitos
cuerpos capaces de distraerme un tiempo considerable imaginado una relación
poco carnal y sobretodo, muy romántica mientras los pequeños hicieran sus
castillos de arena y yo, me escondiera debajo de una gafas no demasiado grandes
pero sí, con unos oscuros cristales, quizás con algún libro de retorcida
lectura, que hiciera que pasar página por el tiempo de tardanza, pareciera,
algo casi imposible. Conjeturar cómo son en el sexo desconocidos es una distracción
casi tan normal en mí, como hacerme hipótesis de quién sería el asesino más
despiadado de los que nos encontramos en ese mismo instante en ese mismo sitio.
contestó
ella. Pensé que eso conllevaría acabar los pocos días de vacaciones en el dique
seco, y en tiempo de relajación y acercamiento, eso sí sería un pecado tan
impropio como el original. Si es que lo hay.
Mi tozudez dio para un chapuzón y poco más. Debo aclarar,
que han tenido que pasar unos cuantos años y algunas vivencias, para comprender
aquella querida amiga y su insistencia para marchar de la discoteca, aún a
veces quiero creer que era para tener algo conmigo, inclusive sin nunca haber
pasado, y que nunca se dejó tocar ese culo tantas veces soñado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario