martes, 12 de julio de 2011

Dr. Cavadas.



 Esta imagen, que hipótesis nos daría, si no supiéramos que ese señor es doctor y uno de los mejores cirujanos del mundo.  Y que acaba de hacer, con éxito, un trasplante de las dos piernas a un muchacho de 25 años, que por culpa de un accidente de tráfico sufrió la amputación. Y quedó, enclavado a una silla de ruedas, sin opción alguna para andar. Declara el Dr. Cavadas: “Que el joven se despertó ayer más contento que Dios” y “se puso a llorar.”
Pero volvamos a la imagen. A las hipótesis. A qué pensaríamos y diríamos, sin saber, quién es este tipo. Yo, lo tengo claro, comentaría que debe ser algún Director o alto cargo de una ONG. Por qué sino, saldría en el periódico, en su todo terreno descapotable, en un aparcamiento de ciudad, con el salpicadero lleno de polvo, con una correa de esas de cuero atada al sujeta viejas de la guantera. Él, viste unos jeans descoloridos, rotos y desgastados, una camisa de esas que parecen de estilo africano, pero sin tanto colorido, de cuello medio abierto, gris, con cenefas, con brazaletes del mismo proceder que la camisa, en el brazo izquierdo, en el derecho nada. Con una pepsi Max i sin radio. Tiene cara afable, perilla, barba de dos días, el pelo secado al viento con alguna canilla, y unas cejas, hacía arriba, a modo de asombro por la instantánea que le están sacando, como si con él, no fuera la cosa. Aunque la cosa, sea bíblica. Según su parte, y si todo va correctamente, en “tres semanas moverá las rodillas, en dos meses podría empezar a andar en piscinas” y “en tres meses aguantar su peso” Más tarde “en meses”, llegará la sensibilidad a los pies. “Para bailar claqué se necesitan muchos movimientos en las piernas, pero para andar no tantos” indicó Cavadas; decía la noticia. La realidad objetiva nos guía hacía un mundo paralelo, inventado, engendrado por nuestro pensamiento, a raíz de contrastar la imagen, con los conceptos preestablecidos que nos han introducido desde pequeños. Igual que pasa con Dios. Pero para un ateo como yo, lo más parecido a un ser supremo (que no tiene superior en su línea), es este espécimen ejemplar de persona. Capaz de proezas celestes. De devolver algo casi imposible en algunos momentos: la alegría, las ganas de vivir, la vida, la esperanza; el todo. Y como él, tantos otros que día a día dan todo lo que tienen para salvar vidas, para todos ellos, hoy mí post, es una apología a sus virtudes, esfuerzos y sencillez.
Suerte, que no es un solo Dios quién nos protege sino millones. 

4 comentarios:

Gala(tea) dijo...

Suerte que tenemos muchos dioses... sin ellos nuestra vida no seria tan mundana o tan divina, segun se mire.

Me encantó la entrada, ciertamente un homenaje merecido a alguien que como bien dices pasa desapercibido pero es capaz de las proezas mas brillantes.. incluso me atrevo a decir que alguno lo tacharía de desaliñado... y es que tenemos tantos defectos , entre ellos el juzgar sin saber...

Muy bien Jou, pero que muy bien!

Beso.

Alma Mateos Taborda dijo...

Qué buena recreación de la calidad humana, de ese constante hacer de hombres simples y cabales, en beneficio de los demás. Un gran modelo de humanidad. Un abrazo.

Dany dijo...

Estos son los tipos que son Dioses. Abrazo!

Jou McQueen dijo...

Gala: Así es, me alegro que te gustara.

Un saludo.

Alma: Bienvenida. Sí, él lo es.

Un saludo.

Dany: Luego está algún satanás, que jode la marrana.

Un saludo.