jueves, 6 de noviembre de 2008

Recuerdo.

Este, mi relato, empezó hace muchos años. En la España de la desdicha, de una larga post guerra. Cuando no había tiempo ni para los sueños. Cuando yo, todavía no era quimera en el pensamiento de mi padre. Por aquel entonces, él contaba tan solo con dos años. Estás palabras quieren hacer distinción, a una de las mujeres más valientes y cariñosas que por suerte he conocido, mi abuela. Madre primorosa y abuela deliciosa.
Inmigrantes es la descripción, de lo que eran mi padre y su familia, (Para que explicar esto tan simple con un relato más largo) al llegar aquí donde hoy resido, a nosotros ya no nos distinguen así porqué ahora hay otros a quien calificarlos o descalificarlos de la misma forma. Con trabajo y mucho esfuerzo consiguieron hacer nacer un negocio, que hoy regenta mi padre, con mi compañía. Y si, vinieron desde Andalucía.
De mi abuela, tuve la desgracia de no poder conocer a mi abuelo, viene esta nostalgia hacia esa tierra y esa cultura. Sus recuerdos; de los días calurosos, las mañanas en los olivos, de la siesta, de las noches en los patios, las fiestas del pueblo, la corridas de vaquillas o los ratones colorados... De viajar he viajado varios años como turista, desde Jaén hasta Cádiz, pero solo como turista. Sin saber el sabor de la vida allí donde reposan mis antepasados. Aunque tengo que decir que para mí los sabores de Andalucía, son esos platos que ella cocinaba para nosotros; patatas a lo pobre, potaje de lentejas, picadillo, arroz con leche, tortilla de patatas, gazpacho, o las migas que nunca me gustaron. De sus anécdotas llenas de amor y alegría, de sus vivencias a menudo no tan buenas, de las fotos color salmón que escasean. O de esas lagrimas al hablar por teléfono con algún familiar del sur, ¿todos bien? era esa la máxima preocupación. Lamento una última despedida, en casa con cualquier manjar cotidiano con los que nos obsequiaba, verla sentada con su transistor o mirando los toros. O de sus manos viejas cansadas de trabajar. Gritándome cariñosamente, “Paquito no hagas enfadar a tu padre”. Y poder decirle gracias por todo.
Podría haber sido un relato en forma de cuento. Pero no quiero que carezca de esa añoranza, con la que recordamos a mi abuelita. Con todo lo que izo por nosotros. Seguramente por eso, en el momento de elegir a mi pareja (como si hubiese podido elegir mucho), la elegí con sangre andaluza.

3 comentarios:

Lorena G. Blanco dijo...

Qué hermosos escritos :)
Hace tiempo te vi por mi blog,
disculpa que no me haya pasado hasta ahora.
Espero que estés bien, y que sigas escribiendo.

Muaa!

Anónimo dijo...

gràcies fill és un regal ben maco aquest escrit!pares

joel dijo...

la veritat és que cada dia escrius més bé